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Historia del Molino

Conozca un poco más de la historia de nuestra casa rural

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En un pueblo pequeñito llamado San Justo, región de Sanabria (Zamora), existe un lugar que alberga un molino harinero que nadie puede decir la antigüedad que tiene.

Cuentan los más viejos del pueblo que siempre lo conocieron tal como está en la actualidad, con alguna modificación que con el tiempo fuera necesario hacerle. El enclave dónde se halla podríamos decir que es envidiable por su entorno paisajístico donde abunda el chopo, el fresno, el roble, el salguero y otros arbustos formando una armonía que sorprende por su verdor y frescor.

El río Trefacio que lo alimenta es de abundante agua cristalina y fría, riquísima para beber y sobre todo sanísima, en ella no habita más que la trucha ya que otros peces no podrían soportar tanta frialdad.

Dicho molino está a medio camino entre San Justo y Cerdillo, aproximadamente a un kilómetro de ambos pueblos, a su vez, siguiendo la carretera de Trefacio a San Ciprian también queda en medio de ambos pueblos. Fue comprado por D. Franisco Remesal Montero en el año 1925 a D. Andrés Muñoz por valor de 6.500 pts., ambos vecinos de San Justo, firmando un contrato a puño y letra entre ambos con sus testigos correspondientes.

El molino tiene dos compuertas que dejan o prohíben el paso del agua a los canales, que harán funcionar los mecanismos necesarios para poner en marcha la molienda.

Consta de dos piedras distintas que por sus características una la “Francesa”dedicada a moler centeno para el consumo humano y otra la “Zamorana” para el pienso de los animales.

Desde la compra en el año 1925 a D. Francisco, Exploto esta pequeña industria hasta su fallecimiento, pero siempre ayudado por su esposa Concepción y sus hijos, que poco a poco fueron tomando las riendas del pequeño negocio, siendo su hija María (La Botera) la más asidua colaboradora.

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Modernización del molino

A partir del fallecimiento de D. Francisco Remesal, se hizo cargo su hija María Remesal y su esposo José Fernández (El Botero) que con buen criterio empezó a efectuar modificaciones que modernizaron y de qué manera el funcionamiento del mismo.

Instalo un dispositivo mecánico que permitía automáticamente cernir la harina para separar el salvado del resto. También por medio de otro invento controlaba la entrada del agua para cuando se terminara el grano, se paraba y se bajaba la compuerta ella sola. Uno de los logros más importantes fue la producción de energía eléctrica, aprovechando la fuerza del agua para su propio consumo, ya que no disponía de suministro industrial.

La luz, como se mostró anteriormente, se abastecían plenamente de ella o bien con bombonas de butano, portátiles y posteriormente con un alternador movido por la fuerza del agua que les valía para sus necesidades. Cualquier dificultad que surgiera ahí estaba “El Botero” para solucionarlo.

En invierno, que por estas aldeas se presentan duros, cuando empezaba a nevar para no quedarse aislados construyo una pirámide de madera y enganchada al burro recorría el trayecto a Trefacio para tener disponible un carril para caso de necesidad, tantas veces como fuera necesario.

Otra anécdota a tener en consideración, era el traslado de un lugar a otros con la familia, en aquellos tiempos el transporte se efectuaba en burro, al tener tres niñas las dos mayores a un “Serón” y la pequeña en medio y tan felices iban de un lugar a otro sin perder nunca la sonrisa y conformes con su destino.

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El molino, un lugar de reunión

Al precioso lugar donde se halla el molino, viene gente de los pueblos cercanos

que cuidan de sus prados para tenerlos productivos y así alimentar sus animales.

Otros encontraban en el molino un lugar de relax, a la vez que siempre había una copita de vino para aquel que le apetecía con amabilidad y simpatía.

Era habitual reuniones de familias que ya en tiempos más modernos acudían para pasar el día haciendo una paella o un conejo al ajillo riquísimo fabricación casera preparado por “La Botera” y otras comodidades al aire libre rodeados de gran atractivo.

Colectivos diversos atraídos por referencia de otros que conocían “La Ribera o la Maquina” acudían para ver tanto el funcionamiento del molino como tanta hermosura natural.

No queremos finalizar este mini recorrido histórico del “Molino” sin rendir un grandísimo homenaje a esa pequeño gran hombre que fue D. Francisco Remesal que de muy joven emigro a Argentina para labrar un futuro plasmado en formar una familia estupenda de ocho hijos, que junto a su esposa Concepción les inspiro valores éticos y honestidad de sus acciones.

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